¿Los videojuegos pueden causar adicción?

Es una pregunta difícil de responder. Sobre todo, porque no está claro de qué hablamos cuando hablamos de videojuegos. Por lo que se sabe hasta ahora, hay diseños de videojuegos que pueden ser análogos a los juegos de azar. Un claro ejemplo es la reciente polémica sobre las "loot boxes" (cajas de botín).


Sin embargo, hay muchísimos diseños que no comparten mecanismos etimológicos con el comportamiento adictivo. Es decir, que no puede causar adicción ni aunque quisieran. Por eso hablar de "adicción a los videojuegos" es tan problemático: los videojuegos, por su diversidad, no son una buena categoría para definir una adicción.

Ocurre algo similar cuando se habla de "adicción a Internet". En este caso no se debe confundir la plataforma con la actividad. No existe adicción a Internet, pero sí puede existir la adicción al poker online por ejemplo. Esta aclaración es fundamental y permite entender todas las posiciones, a la vez de ayudar a huir de debates simplificados.


Frente a esto, distintos gobiernos han decidido sentenciar que "los videojuegos causan adicción". No es nada original, es la reedición del mismo debate que hemos visto una y otra vez durante las últimas décadas.

Los videojuegos tienen un potencial enorme para la salud, educación e incluso, para resolver problemas sociales. Por eso, se hubiera esperado políticas basadas en la evidencia por parte de los gobiernos y un serio esfuerzo de autorregulación (e investigación) por parte de la industria. Algo tan simple como colaboración, responsabilidad y compromisos. Pero parece que actualmente esperar eso es pura ciencia ficción.

















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